"Yo como candidato a la presidencia del país no les diré lo que he hecho puesto que conocen bien mi pasado, mis errores y mis aciertos; no les diré lo que el país será si yo llegase a ser presidente, ni mucho menos les diré por que no deben elegir a otros contendientes en lugar de otorgarme ese derecho con todas las obligaciones que represta… Yo como candidato a la presidencia del país les diré lo que, en caso de ser honrado por ustedes con la oportunidad de ostentar ese puesto, tengo planeado hacer para lograr ciertos objetivos de mejora y evolución en el país..."
Esas son las palabras que me encantaría escuchar saliendo de la boca de un candidato a la presidencia de mi país, a la presidencia de nuestro país (incluidos todos los mexicanos en edad de votar y que aún no alcanzan los 18 años, incluidos todos los ciudadanos que tenemos la capacidad para expresarnos por nosostros mismos y los que por su corta edad o alguna situación médica o psicológica/psiquiátrica no pueden hacerlo, incluidos todos los que nacieron en el territorio de los Estados Unidos Mexicanos y no han renunciado a la nacionalidad que esto les concede se encuentren donde se encuentren, y a todos los que al vivir en el país han adquirido por elección propia el mismo derecho), palabras que deberían salir de la boca de al menos un candidato a la presidencia de México.
No sé cual sea la opinión individual de cada uno de los mexicanos, sería una arrogancia absoluta pensar o decir que lo sé, pero sí puedo hablarles que de una opinión general que el mexicano viene expresando desde que tengo memoria: "Estoy harto de este gobierno". Lamentablemente hay frases célebres que me pueden explicar aunque no justificar el por que las estructuras de gobierno en México son como son, frases como "un pueblo tiene el gobierno que se merece", que aunque suena fatalista o incluso mediocre es algo cierto y que, aunque esté en cierto desacuerdo con ciertos asuntos al respecto, movimientos como #YoSoy132 están comenzando a retirarles veracidad.
Después de observar el segundo debate entre los canditos a la presidencia del país admito que aunque con un mejor sabor de boca me quedo con la misma insatisfación que siempre he tenido respecto a esos cuatro personajes.
En esta ocasión vimos un poco más de lo mismo, un Quadri que replicaba de manera adecuada a los puntos expuestos por los otros ponentes, una Josefina que se mantenía ciertamente al ataque de los demás candidatos y proponiendo poco para favorecer con sus palabras a la imagen "Diferente" que su campaña busca darle, un AMLO que continúa hablando de logros que difícilmente resultan factibles aunque los defiende fervientemente diciendo que "los (...) tiene (...) muy extudiados" y un Peña Nieto al que muchos, al menos de los jóvenes del país, no le creemos más que cuando nos dice su nombre al presentarse públicamente.
A diferencia del debate pasado debo decir que la actitud de Quadri, al menos ante mi persepción es la única que no presentó modificación alguna, aunque su interés, tal vez meramente estratégico, por incorporar a los demás candidatos en un debate real se notó acrecentada. AMLO se mostró prácticamente de manera idéntica a como lo hizo en el debate anterior, al menos yo no le percibí cambio alguno ya que incluso la corbate la tenía igualmente chueca. En cuanto a Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto respecta, su actitud se mostró mucho más relajada, en el caso de Peña Nieto se notó incluso demasiado relajada al no encontrar las palabras adecuadas con tanta facilidad como en el debate anterior, o debo decir al no encontrarlas con tanto ensayo… Ya en cuanto a Vázquez Mota debo decir que el verse más relajada le dió incluso una mayor fluidez y mejor control de su tiempo de exposición.
Debo reiterar mi insatisfación hacia los candidatos a la cabeza del gobierno del país en el que vivo expresando nuevamente una opinión propia que desgraciadamente, en lugar de verse modificada con el pasar de los días, sólo se a visto acrecentada con el desarrollo de sus campañas: Yo no considero viable votar por alguno de los cuatro. Desgraciadamente en México muchas veces se vota a favor de un partido o en contra de otro, y no se considera realmente lo que un candidato representa como individuo y mucho se considera la opción real de expresar un voto nulo.
Por más que yo considere que la delcaración de una votación nula sería lo que mayor bien le haría a este país, ya que además de las expresiones públicas organizadas a modo de manifestaciones multitudinales me parece que sería el único medio absoluto de nostros, población, demostrar nuestra inconformidad hacia los candidatos presentados por los partidos, creo que lograr que el IFE declare la nulidad en una elección requeriría que un muy alto porcentaje de la población anuláramos nuestro voto pensando en un bien mayor y aunque muchos jóvenes han salido a la calle y han demostrado que comienzan a despertarse por un interés común más que por un interés solamente propio aún no considero que haya exigencias o acciones en su totalidad concretas que lleven a que esos individuos que se manifiestan hayan hecho conciente el valor y peso de un voto nulo en una elección.
Lo único que me queda en mente luego de tratar de entender la postura e intenciones de cada candidato y los partidos a los que representan es una incertidumbre para poder elegir a quien otorgarle mi voto el próximo 1 de julio… Me encantaría insitar y convencer a la gente para que anularan su voto si en verdad y luego de un razocinio y estudio de cada individuo, partido y la situación actual del país ninguno de los candidatos les convence, pero sabemos que, por más que me duela, los votantes en México no se dan, han dado ni darán en la actualidad el tiempo de llevar a cabo ese proceso mental y analítico para elegir o no a un candidato. Aunque la juventud hoy en día se exprese a favor de y casi exigiendo un voto razonado, para desgracia de nostros los jóvenes sabemos que llevará más que sólo unos meses lograr en verdad un cambio de actitud para que la población en su totalidad o al menos en un muy alto porcentaje se involucre de manera más profunda en la toma de decisiones.
Sólo me queda por decir que si la votación para elegir a nuestro próximo presidente fuera mañana, yo, en lo personal y por observaciones propias o relaciones notorias entre individuos específicos y los candidatos (Quadri - Gordillo), declararía abiertamente mi voto como uno nulo, puesto que aún tengo confianza en que el mexicano dejará de quedarse en el momento de la expresión y la queja para dar el siguiente paso hacia la exigencia y la confrontación inteligente.